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Nadie es perfecto



Ilustración de Luis RoyoHoy descubrí el Blog de P. y leí un post suyo acerca de la Anorexia. Me trajo el recuerdo de una carta que escribí hace años a una revista y que me publicaron. En esa carta les hablaba del problema que planteaba el tener unos kilos de más, no por la moda en si misma, si no por lo que suponía que tu entorno te hiciera sentir mal.

Yo siempre he sido delgada, era un palillo de pequeña y jamás tuve problemas de peso. Me gustaba comer de todo, nada me engordaba y recuerdo que en las tiendas ni siquiera me probaba la ropa, algo me gustaba y a ojo sabía que esa era mi talla, me lo compraba y a casa tan feliz.

Por temas que no contaré mi peso cambió. Al principio yo no le di importancia porque me sentía bien, de salud estaba bien y tampoco me veía excesivamente rellenita... pero los verdaderos problemas comenzaron en mi entorno, en las tiendas, en las miradas y en los comentarios de los demás. Porque la gente no se da cuenta que ciertas actitudes duelen, no se dan cuenta que ciertas miradas incomodan y que escuchar comentarios fuera de lugar y sobre tu físico acompañados de una risita estúpida, pueden dañarte muchísimo.

Recuerdo que se convirtió en un suplicio ir de compras, que llegué a odiar ciertas tiendas y a ciertas dependientas porque cuando pedías una talla más de ese pantalón que te encantaba, te miraban con desprecio y te decían “no hay”... y te marchabas de la tienda sintiéndote como un bicho raro, como algo que allí molestaba. Recuerdo los comentarios de personas cercanas “vaya culo tienes” “con ese culo no me extraña” “pareces embarazada” y millones de cosas así.

Todo esto hace que alguien con un peso “fuera de los cánones establecidos” se sienta miserable, despreciada, apartada... y no, ya no es solo la moda que ves en televisión, lo que nos venden en los medios de comunicación, es tu entorno lo que más te daña, es la sociedad y todo lo que la rodea, es la gente que pasa por la calle, es el comentario de cualquier niñato “que asco me dan las gordas”

Porque somos unos hipócritas, todos lo somos... porque en realidad no nos gusta la gente con sobrepeso, porque despreciamos todo aquello que se sale de la regla general, de lo que se ha denominado “normal”... porque no nos damos cuenta que con actitudes de ese tipo, comentarios fuera de lugar, miradas... con todo eso estamos haciendo mucho daño a la persona a la que van dirigidos, porque nos importa una mierda como se sienta, porque creemos que nunca nos puede pasar a nosotros y porque el ser diferente al resto, no entra en lo que nos marca una moda absurda y cruel.

Y luego llegan los problemas de anorexia, y después la gente se lamenta y le da pena ver a una niña de 17 años con un peso muy inferior al que debe tener para estar sana, y nos lamentamos porque es un problema grave que debería solucionarse, pero después de dejar de saber de estas cosas, de verlas... continuamos insultando a los que no usan tallas “normales” y seguimos mirándoles con desprecio, y seguimos pensando que nuestras risas y nuestro comportamiento no les daña...

Yo adelgacé porque quise hacerlo, porque no podía comprarme ropa que me gustaba, porque siempre fui delgada y quise seguir siéndolo... tal vez mi camino hasta aquí hubiese sido menos duro si no llego a pasar por todo aquello, tal vez no estaría como estoy y seguiría tan feliz con mis kilitos de más si no fuese porque me sentí humillada algunas veces. Quizá mi peso podría haber seguido siendo mayor del que ahora tengo si en las tiendas vendieran ropa para TODOS, con tallas para TODOS, con vaqueros de esos que están de moda, pero para TODOS.

Despreciar a los demás por no ser como se cree que deben ser es algo realmente cruel. Recurrir a sus defectos o a esas cosas que son diferentes al resto para hacerles daño, es lo peor que alguien puede utilizar en su contra, es rastrero. Intentar una sociedad perfecta en la que no tienen cabida los que no son tan perfectos como nos quieren vender, es despreciable.

Sí... lo que termina importando realmente y con el tiempo, es lo que uno es por dentro, aunque nos empeñemos en decir que no, porque la belleza con el tiempo muere, porque lo que queda después de los años, es lo que somos, no lo que representamos, no nuestro envoltorio... porque con el paso del tiempo vas valorando otras cosas, cambian tus gustos, tus prioridades, porque tú cambias, porque los demás también lo hacen.

Nadie es perfecto... yo no lo soy, tú tampoco.




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