Me acuso
Vivimos en un mundo materialista, le decía hoy a Jartos . En un mundo alejado de esos en los que la gente se despierta con una sola idea en su cabeza “Conseguir algo para comer”.
Nos enteramos de sus miserias por televisión, vemos sus caras de horror, contemplamos sus lágrimas, sus gritos de desesperación y no encontramos explicación alguna a porque el resto de países, los países ricos, no hacen nada para evitar esto... el porque no destinar ese dinero invertido en cosas estúpidas, el porque no darlo sin más a aquellos que mueren de hambre cada día. O enseñarles a prosperar, darles recursos para prosperar.
No voy a hacer demagogia, tampoco voy a ponerme en plan samaritana porque soy culpable de no creer que un euro mío sirve de algo, soy culpable de no destinar nada de lo que yo tengo a esas ONG’S que se suponen ayudan a los más necesitados. Soy culpable de no creer en todas esas cosas y soy culpable de pensar que si yo doy algo, ni la mitad de ese algo llegará donde debe. Soy incrédula, muy incrédula.
Y me cabrea enormemente que nos pidan a los que tenemos problemas para llegar a fin de mes, me cabrea que toda esa gente que vive en la abundancia no de nada, o diga que da para salir en los periódicos como alguien solidario, comprometido... mientras conduce un coche de millones de pesetas, mientras le pagan verdaderas millonadas por darle una patada a un balón y que encima ese donativo le desgrave en hacienda.
Y me asquea ver un telediario en el que después de ver millones de muertos en un terremoto, muertos por el hambre, muertos por enfermedades consideradas aquí como leves... la siguiente noticia sea sobre un móvil de última generación o sobre el comienzo de la nueva temporada de rebajas.
Y me parece increíble que un multimillonario pague por ir al espacio y no de todo ese dinero a quien si lo necesita realmente. Y me parece vergonzoso que haya un programa de televisión en el que paguen una pasta a alguien porque es famoso y a los pocos minutos nos pidan que demos dinero a una ONG porque hay niños que trabajan para que sus familias puedan comer.
Y me acuso de vivir en un mundo lleno de hipocresía, de buenos propósitos que no son tales, que solo se usan cara a la galería. Y me acuso de seguir las normas que se me dictan donde yo vivo, de querer tener cosas que se supone me hacen feliz, de sonreír si consigo un monitor nuevo, de pagar Internet, de usar mi dinero para cosas materiales.
Me acuso de querer siempre más, de intentar tener más, de desear cosas que en realidad no dan felicidad, solo nos hacen la vida más divertida, diferente. Me acuso de saber que podría vivir sin todas esas cosas que poseo, pero que sigo intentando conseguirlas porque he nacido bajo el dominio de un mundo codicioso, tal vez un poco irreal, quizá demasiado real.
Hay diferencias demasiado dolorosas entre unos y otros. No me sirven los discursos de esos hombres trajeados que dicen comprender y sentir las desgracias ajenas, no me creo que les importe. Creo que lo más preocupante para ellos es perder votos, perder popularidad. Creo que no interesa ayudar a determinados países a ser como el resto, a avanzar en todos los aspectos o al menos a poder comer a diario. Creo que la pobreza de otros les beneficia...
¿Cuántas personas habrán muerto de hambre mientras yo escribía este post? ¿Cuántas mientras me leéis?

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Me alegro muchisimo de leerte. Gracias, un beso cielo.
PD. Hoy he leido algo parecido en otro post, Misss Calamity (http://blogs.ya.com/cencerro/) lo ha bordado también. Gracias a las dos.
jartos — Jueves, 13 octubre 2005 a 21:51