El riesgo de enamorarse
Hoy pensaba la cantidad de cosas que nos habríamos perdido si en momentos determinados no nos dejáramos llevar. A veces nosotros mismos nos imponemos normas, alejamos sentimientos e intentamos que nada traspase esa barrera que creamos a nuestro alrededor por miedo, por pánico a fracasar o a que alguien pueda hacernos daño, pero... no arriesgarse a veces nos hace perder cosas, perder vivencias, en definitiva, perdemos algo de nuestra propia vida, perdemos recuerdos nuevos que atesorar.
El amor es arriesgado, vivir también lo es y sin embargo todos nos empeñamos en seguir adelante, en exprimir cada centímetro de esta existencia que a veces nos golpea sin piedad.
¿Por qué entonces negamos los sentimientos?
¿Por qué nos da tanto miedo arriesgar por algo que es importante en nuestras vidas?
Pensar demasiado en las consecuencias siempre nos hará retroceder. La cabeza nos hará perder la perspectiva de las cosas, nos negará el derecho a sentir, a dejarnos llevar, a experimentar momentos hermosos, días desiguales, ilusiones que tal vez se hagan realidad o no, pero que nos brindan el regalo de poder continuar soñando.
Yo nunca fui alguien racional, de esas que se piensan mucho las cosas antes de llevarlas a cabo. Tal vez me equivoqué mil veces, y me hicieron mucho daño otras muchas, pero... conservo recuerdos realmente hermosos de ese espacio entre sueño y realidad. Si me hubiera planteando las cosas de otro modo, se habrían perdido recuerdos, vida, poemas, prosa, imágenes y sonidos... aromas y sonrisas.
Alguien que tiene sus sentimientos atados a la tierra, es alguien que no entrará en la vida de muchos otros, que no compartirá con ellos momentos perfectos, días alejados de la rutina, emociones nuevas, caricias inventadas, locura, deseo...
Es cierto que a veces duele, que pueden dañarte tanto que desearías no haberte dejado llevar jamás, que le pones un candado al corazón y te vuelves triste y retirado... es cierto que cuesta salir y que después cuesta mucho levantarse, confiar y seguir adelante... pero también es cierto que es bueno tropezar para aprender a levantarse, que es bueno llenar tu vida de cosas diferentes, que es bueno empezar de nuevo, que es bueno volver a sentir, a desear... es hermoso emprender un camino nuevo de la mano de alguien diferente, alguien que tal vez se arriesgó al igual que tú.
Prefiero lamentarme después de haber amado, que lamentarme de no haber amado jamás.

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un beso.
jess — Martes, 04 octubre 2005 a 11:17