Laburo España: 250.000 ofertas de empleo

Una sonrisa



Ilustración de Luis RoyoNunca me gustaron los médicos. Soy de esas personas que para acudir a ellos, tengo que estar realmente mal. También soy de las que aconseja a los demás que vayan, pero como me pasa con muchas otras cosas, no predico con el ejemplo.

No fui una niña enfermiza, jamás me han operado de nada, nunca me dieron puntos y a lo más que llegué es a romperme el brazo derecho en dos ocasiones... montando a caballito encima de una hermana mía y cayendo desde una ventana a un patio interior.

Recuerdo el suplicio de las vacunas, el correr por la consulta del médico despavorida huyendo de aquella aguja tan rara y enorme que, después dejó una gran marca en mi muslo derecho... recuerdo al practicante del barrio, ese Señor que entraba en mi casa con su maletín negro lleno de jeringuillas e inyecciones. Dolían, siempre dolían mucho.

Hoy aquella enorme sala estaba casi vacía. Asientos de diferentes colores a juego con los marcos de las puertas que correspondían a cada uno de ellos, a cada especialidad... letras en sus puertas y una sensación absurda de soledad que se complementaba con la frialdad en el trato, con esas personas que actúan igual que máquinas, haciendo lo mismo una y otra vez sin regalarte siquiera una sonrisa... sin inmutarse ante un quejido tuyo de dolor o ante tu cara vergonzosa de verte allí semidesnuda ante una desconocida.

Te piden esos datos que ya estás harta de dar a unos y a otros, siempre los mismos una y otra vez. Hacen la prueba correspondiente y te despiden de allí de una manera autómata y deshumanizada... sigues las indicaciones de salida y cuando estás de nuevo en la calle, vuelves a respirar con tranquilidad... ya controlas tus movimientos, ya estás lejos de la espera, de los nervios y la vergüenza.

Tengo ganas de que esto acabe, tengo ganas de dejar de sentirme fuera de lugar, de darle vueltas a mil preguntas sin respuesta. Estoy cansada de ver que ya no existen esos médicos simpáticos y atentos que intentaban a toda costa hacerte sonreír, que te explicaban las cosas despacito, intentando que no tuvieras miedo, haciéndote ver que todo tiene solución y que no hay de que preocuparse.

No creo que nadie vaya a una consulta para entretenerse, estamos allí porque algo nos ocurre, porque tenemos un problema de salud y eso nunca se lleva bien...

¿Tanto cuesta una sonrisa?




Trackbacks:

Trackback URL para este post



Cualquier comentario ofensivo o con contenido publicitario será borrado de inmediato.
Gracias :)



Recordar datos


LaInformacion.com lainformacion.com - Medio Oficial de los Premios Bitacoras 2009