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Hoy soy feliz


La historia que os voy a contar a continuación no es una leyenda urbana, me ha pasado a mí hoy.

Hace días que tenía problemas con mi conexión y al darme cuenta que mi teléfono hacía ruidos extraños, llamé a Telefónica para que me revisaran la línea. Eso es lo que hice ayer y hoy mismo me llamó un técnico que venía a mi casa para reparar la avería de marras.

Sí... de un día para otro raudo y veloz apareció en mi casa el servicio técnico ¿Increíble no?

Hoy sobre las tres de la tarde sonó mi timbre y ahí estaba él... con sus letras verdes en la espalda que decían Telefónica... no hacía ni media hora que había llamado y ya le tenía en mi puerta dispuesto a revisar el teléfono. No podía creerme la rapidez con que habían actuado ante mi catástrofe, ellos nunca habían sido así.

Traía bajo el brazo un flamante teléfono nuevo de esos con los que puedes mandar sms a móviles y fijos y mis ojos se quedaron ensimismados ante aquélla deseada caja... y es que yo hacía tiempo que me moría de ganas por tener uno de esos... escuchaba relatos sobre el, pero siempre creí que era una leyenda. Y allí estaba, ante mis ojos, tan cerca de mis manos que casi podía tocar sus teclas relucientes y nuevas... limpias.

El amable técnico revisó los cables de la instalación y decidió que el problema no era del teléfono, sino de la línea exterior. En ese momento entré en una depresión repentina al darme cuenta de que aquel maravilloso Domo no iba a ser mío... iba a perder la oportunidad de descubrir aquella leyenda que me perseguía desde hacía tiempo.

Cambió los cables correspondientes y descolgó el auricular... se produjo un silencio sepulcral y añadió:

“Se oye perfectamente”

Noté como el mundo se hacía pequeño ante mí... aquella caja se alejaba de mis manos y yo no podía hacer nada para evitarlo

¡Mi teléeeeefooooono!

Por suerte ocurrió algo inesperado... había un nuevo ruido... y entonces se produjo el milagro, vi la luz y escuché:

“Voy a cambiarte el teléfono”

¡No me lo podía creer! ¡Lo había conseguido! ¡Por fin sería mío! ¡Míoooooooooo!


Aquella caja se abrió y apareció ante mí un precioso Domo Blanco con funciones de sms y manos libres... La sensación era indescriptible... mi felicidad podía sentirse a kilómetros de distancia... apunto estuve de abalanzarme sobre aquel muchacho y darle un abrazo de agradecimiento.

Me dejó allí contemplando mi nueva adquisición, mirando ensimismada las instrucciones, que eran casi las mismas de siempre, pero que a mí me parecían las más bellas letras que Telefónica me había dedicado jamás. Pero ahí no termina este milagro... no solo me han cambiado mi viejo Domo por uno mucho mejor, más nuevo, limpio y útil... además de eso y de que su técnico era alguien realmente simpático... tuve una llamada inesperada y que me ha hecho sentirme querida por ellos, amada, alguien importante.

Sonó un ring... y una voz con tono de máquina ronca me dijo:

“Para confirmar que su avería se ha solucionado, marque el 1”



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