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¿De quién es el problema?



Recuerdo ahora situaciones de colegio, momentos en los que la crueldad de los niños superaba fácilmente cualquier otra conocida. Los niños son crueles, todos hemos sido crueles de pequeños y el único motivo que yo encuentro para ello es la sinceridad absoluta que nos da esa niñez.

Dependiendo de la edad las cosas son comprensibles. No sabemos el alcance de nuestras palabras, el daño que puede hacer un comentario a destiempo o una observación sobre algo que no nos gusta de alguien... no sabemos que tal vez estamos hiriendo, eso nos exculpa, nos deja libres de culpabilidad ante los demás.

Cuando crecemos la cosa cambia, usamos las armas del desprecio contra los demás como una defensa o solo porque se nos hace divertido ver los resultados... herir y humillar se convierte en algo utilizado demasiado a menudo y contra cualquiera que intente ser más que tú, mejor que tú o simplemente estorbe en tu camino.

Yo vi todo eso cuando era niña, en compañeras que quedaban aisladas del resto porque no eran guapas, porque pesaban más de lo considerado “normal”, porque no destacaban o porque destacaban demasiado. Vi ese desprecio muchas veces... vi que la torpeza a cierta edad no gusta, que ser diferente molesta y vi como un complejo puede convertirse en tu peor enemigo dentro de un mísero patio de colegio.

Todo eso sigo viéndolo ahora... veo como se cataloga a la gente por su peso, estatura, color de piel, manera de vestir e incluso por sus gustos musicales. Sigo viendo como alguien que es diferente, sigue siéndolo el resto de su vida porque los ojos de todos esos que le miran con desprecio no saben ver más allá, porque solo ven lo que no les gustaría ser, porque creen que todos deberíamos ser como ellos, porque creen que ellos son el modelo a seguir.

Debe ser que ser gordo, feo, bajito... te hace peor persona, más estúpida, quizá más tonta o menos inteligente... ¿Cómo era eso de las Rubias?... ¿Eran tontas no? Claro... es que las morenas somos inteligentísimas y cultas, cariñosas y geniales, buenas personas en definitiva... ya se sabe que todo eso nos lo da el color de nuestro pelo.

Aislar a los demás porque no nos gusta su aspecto físico, su condición social, su estatus, su manera de vestir, sus gustos o cualquier otra cosa que les haga diferentes a nosotros... es cruel, es la manera más cruel que existe para demostrar que somos superiores, mejores, válidos antes una sociedad cargada de prejuicios estúpidos.

Quizá la solución estaría en hacer llegar el dolor de los humillados hasta sus humilladores, en su propia piel. Tal vez así sabrían como se siente alguien al otro lado del racismo, al otro lado de la crueldad que genera el sentirse peor que el resto por no entrar dentro de los cánones de belleza establecidos, por no tener la estatura considerada normal...

Dicen que para amar a los demás... antes debes aprender a amarte a ti mismo. Dicen que para respetar a los demás... antes debes aprender a respetarte a ti mismo.

El problema es suyo.



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