Aquellos maravillosos años
Me han venido a la mente recuerdos de aquellos días en que vivía los fines de semana como una auténtica fiesta. Esos en los que planeaba con mi amiga Cris que ponernos, donde ir... esos en los que nos invadía la duda de siempre... ¿Iría ese chico que nos gustaba?
Eran días de confidencias, de locuras compartidas y de sonrisas después de borracheras largas y costosas de sacar al día siguiente. Eran momentos de incertidumbre y sin futuro inmediato, se vivía más, se disfrutaba más de la vida, del momento, de las cosas.
Yo iba a recogerla a su casa... siempre me tocaba esperar a que terminara de maquillarse y algunas veces intercambiábamos ropa o nos pedíamos consejo sobre que ponernos, que nos quedaba mejor. Si era verano yo iba a comer los sábados y después de unos buenos chapuzones en la piscina y ponernos negras tomando el sol... nos duchábamos y nos vestíamos para salir con un estupendo moreno. Me encantaba eso de no tener que usar maquillaje, me encantaba que las camisetas blancas realzaran tanto el color dorado que me había dejado el sol... me gustaba el olor a hierba mojada por las noches. Algunos días, me quedaba a dormir y al día siguiente cuando me marchaba para casa, siempre me acompañada su perro hasta la parada del autobús... se quedaba allí, tumbado a mi lado haciéndome compañía.
Recuerdo los grupos de gente con quien nos juntábamos... los minis de cerveza de un litro que nos bebíamos entre todos, lo mucho que duraba el dinero, lo poco que costaban las cosas, lo poco que costaba pillar el “punto” y pasarte la noche riendo sin parar. Recuerdo el sonido de Mecano, la primera moto de Cris y su primer coche. Ir “motorizadas” era algo increíble, te sentías más independiente ¿Qué tontería no?
Hicimos muchas locuras... una noche en que ella estaba castigada nos escapamos de casa a hurtadillas. Fui a dormir allí y cuando sus padres se acostaron nos vestimos y salimos por la puerta del jardín como almas que lleva el diablo... antes de sentirnos libres en la calle corriendo como posesas, estuvimos apunto de cagarla porque su padre casi nos pilla escondidas detrás de la puerta de la cocina... y es que además de eso y como suele suceder, nos dio un ataque de risa bastante peligroso. Por fortuna todo salió bien y después de corrernos una juerga clandestina... volvimos a su casa sin que nadie sospechara nada.
Casi siempre salíamos con chicos que eran amigos... no sé porque estas cosas suelen pasar a cierta edad, era como algo obligado y de lo que no solías escapar. A ti te gustaba uno, y a ella su amigo, era perfecto entonces, ninguna se quedaba colgada, íbamos los cuatro tan contentos... ahora me parece una idea espantosa. El teléfono entre semana no paraba, pasábamos mucho tiempo contándonos cosas de las que ya habíamos hablado hacía unas pocas horas, pero no sé porque nos gustaba volver a comentarlas una y otra vez. Mi madre me decía “si acabas de estar con ella, no entiendo que puedes tener que contarle” pero siempre había algo que contar, siempre había algo de que hablar.
Compartíamos ropa, maquillaje, bolsos, música, bikinis, pulseras, risas y confidencias. Pero la vida cambia y nosotras nos fuimos haciendo mayores... dejando atrás aquellas carpetas decoradas de recortes, las juergas interminables de los sábados, las tardes de compras y cervezas, las escapadas, los minis... lo cambiamos todo por otras vidas diferentes con direcciones distintas, nos fuimos alejando y perdimos pista, contacto y juventud... fue mi mejor amiga, la mejor amiga que tuve jamás... sin duda fue la época más bonita de mi vida.

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wen muxos bsss!! te kero musho, musho
NaToO
NaToO — Domingo, 05 junio 2005 a 21:12